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martes, 20 de septiembre de 2011

¡El grito!

México celebra sus 201 años de independencia: el día 15 de Septiembre a la noche, el presidente de la República sale al balcón del Zócalo, y a voz en grito proclama: ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!

Para los mexicanos representa un gran día, del que el año pasado además celebraron el bicentenario, por lo que la ciudad desde varios días antes se viste de gala y se prepara para festejar por todo lo alto. El zócalo, plaza principal en torno a la cual se organizan los edificios más representativos de la ciudad y el país, se llena de gente en un ambiente festivo que, motivos políticos e históricos aparte, tiene a mi modo de entenderlo, un gran parecido en la forma en que la gente lo vive con la celebración de las campanadas en la Puerta del Sol.

Y es en ese clima, con la ciudad engalanada y llena hasta los topes, ¡en el que fueron a aterrizar mis padres de visita! Por suerte para ellos, pudimos contemplar tan importante evento desde un balcón de lujo (al más puro estilo Ramonchu-Igartiburu, siguiendo con el paralelismo), y que cuando amainaba la lluvia permitía subir a la azotea a disfrutar de los fuegos artificiales. Gracias de nuevo Alba/Olivia/Víctor, queé oportunidad única e inolvidable nos ofrecisteis.

Además de las celebraciones patrióticas, también hubo tiempo para ir de visita y conocer nuevos sitios más allá del D.F., en esta ocasión tocó el tándem Cholula/Puebla, plagado como no podía ser de otra forma de iglesias:

En la carretera de camino a Cholula, uno de los puntos más interesantes son las increíbles vistas de los volcanes Popocatépetl e Iztaccihuatl (o mujer dormida), sobre todo porque del primero aún se puede ver casi a diario un pequeño reguero de humo que se escapa entre la nieve de la cúspide, muestra viva de su activo presente que más de un susto ha dado.

En Cholula es visita obligada el Santuario de Los Remedios, que se encuentra edificado sobre la gran pirámide de Tlachihualtepetl, considerada la más grande del mundo por volumen. Si bien es cierto que en los alrededores aún quedan reminiscencias a modo de ruinas, de esta gran pirámide por desgracia ya apenas se puede apreciar nada, puesto que la humedad y vegetación han hecho que el aspecto que da es el de un gran cerro, sobre el que se asienta la ermita en el lugar antes ocupado por el Teocalli de la divinidad prehispánica. Muy cerca de allí se encuentra el templo de Santa María Tonantzintla, donde los indígenas modelaron las yeserías con iconografías mexicanistas compuesta de ángeles morenos, niños con penachos, frutos tropicales y mazorcas de maíz. Esta decoración es el mayor atractivo del templo por su gran singularidad.

Puebla por su parte es conocida por ser una ciudad con una elevada concentración de iglesias, de entre las cuales destaca especialmente su Catedral, que es seguramente una de las más bellas de toda la República. De estilo herreriano, es el primer “centro suntuoso que bajo buenos diseños” se hizo en América, adelantándose por 4 años a Metropolitana de México. Dando vueltas por la ciudad también hubo tiempo para probar el típico mole poblano con pollo o dar una vuelta por su zócalo y mercados, disfrutando de las fachadas adornadas con ladrillo y azulejos de cerámica de Talavera, muy típicos ambos de la zona, donde abundan los hornos cerámicos a lo largo de las carreteras.



Y como no podía ser de otro modo para este pantagruélico personaje, no faltaron las más variadas rutas por la extensa y siempre rica gastronomía de México: desde los escamoles hasta los chiles en nogada (que ahora se encuentran en plena temporada), pasando por los mariscos, tamales, moles… todo ello regado con mezcales, tequilas y margaritas.


Días interesantes para moverse por México pues, y aprender un poco más de su interesante y apretada historia. Movido por la fuerte carga histórica de estos días pasados, ahora de hecho me encuentro leyendo un par de libros de su historia (uno novelado sobre la conquista, y uno de historia completa (resumida)), así que en breve quién sabe, quizá este güerito pueda ofrecer un buen resumen de esta apasionante historia que tanto tiene que ver con la forma en que la gente de aquí entiende la vida, con sus actitudes y costumbres.

De nuevo muchas gracias a todos los que ayudaron a preparar y mejorar la visita de mis padres, se han ido con un gran sabor de boca y a buen seguro ganas de volver. Y un abrazo para todos en esta nueva entrada del Puro Albur.

martes, 9 de agosto de 2011

Start spreading the news…

En esta ocasión la temporada de visitas ha dejado más de un nuevo destino que a buen seguro dejará un buen sabor de boca a más de uno, y es que en esta ocasión el güerito (and company) se ha introducido en alguno de los elementos más típicos y llamativos de la esfera turística del D.F.

El Ballet Folklorico de Amalia Hernández es, además de una forma estupenda de visitar las entrañas de ese estupendo edificio que es el Palacio de Bellas Artes, una inmersión en los bailes étnicos y regionales mexicanos: arrancando con los ancestrales bailes quetzales que poco a poco van llegando a representaciones más modernas, y pasando por los antiguos sones de Michoacán, la fiesta veracruzana, la danza del venado y navidad en Jalisco. La vistosidad de los vestuarios y la increíble diversidad de las coreografías han hecho que este maravilloso espectáculo se venga representando casi ininterrumpidamente desde 1959.

Frente al palacio de Bellas artes y el parque de la Alameda se yergue la torre latinoamericana rematando con sus 204 metros la conocida y transitada calle Madero. Desde su mirador se puede contemplar en un día claro toda la ciudad, llegándose incluso a ver los volcanes, y ello sin que en ningún momento se pierdan de vista los edificios hasta la misma línea del horizonte, poniendo de manifiesto por qué el Distrito federal es una de las ciudades más grandes y pobladas del planeta.

No muy lejos y atravesando Reforma se encuentra la plaza de Garibaldi, de la que en alguna otra entrada ya he hablado. Centro de reunión de mariachis dispuestos a ofrecer sus servicios a turistas y autóctonos, la plaza está rodeada de cantinas donde se sirve tequila a raudales empujado con toda clase de botanas (aperitivos). Entre todas las cantinas destaca el Salón Tenampa, donde desde 1925 y de forma exclusiva (no cuenta con otras sucursales, como rezan los carteles) se viene disfrutando de la tradición más difundida de puertas para afuera. Es tan conocida esta cantina, que artistas del nivel de Juan Gabriel o Jose Jose le han llegado a dedicar un álbum.

Bajando hacia el Sur nos encontramos en San Ángel, donde comercio artesanal y una gran oferta en pintura y escultura conviven con una excelente gastronómica (encabezada seguramente por San Angel Inn) que hace de este lugar un destino casi obligado los sábados, cuando abre el bazar. Junto a San Angel Inn se encuentran las casas de Frida Kahlo y Diego Rivera, reconocidos fácilmente por ser 2 edificios que conviven en la misma parcela, uno rojo y otro azul, y que se encuentran unidos en sus azoteas por un puente casi diagramático. Actualmente es un museo dedicado a estas dos icónicas figuras del arte mexicano, donde se puede llegar a conocer un poco más de estas dos apasionantes personalidades.

Y aprovechando que nos encontramos en el Sur, ¡ya era hora de dejarse caer por Xochimilco y sus trajineras! Su nombre, que traducido sería “Lugar en la sementera de la flores” o “campo de flores”, ya nos hace intuir que se asienta sobre un vergel particularmente fértil y con gran tradición en el cultivo de plantas. Rodeado por largos canales, viajando en estas embarcaciones se suceden los invernaderos y los puestos de comida, dos de sus grandes reclamos ya que por un lado lo habitual es realizar paseos sentados a una mesa donde nunca falta la comida y la bebida, y por otro es un destino habitual para conseguir una gran variedad de plantas y ricos sustratos a precios muy económicos.

Y para rematar y uniendo los conceptos de maravillosas vistas y vegetación, no podemos olvidarnos del castillo que se encuentra en el Bosque de Chapultepec. Actualmente restaurado y convertido en el Museo Nacional de Historia, uno de sus grandes atractivos son las vistas de la ciudad, donde desde las terrazas del castillo quedan enmarcadas las imponentes vistas por el frondoso bosque de los chapulines o saltamontes, emblema siempre presente en este parque inmenso en el que caben desde el auditorio nacional, hasta un parque de atracciones y una gran variedad de museos.


Y eso es todo por hoy, me despido hilándo el Mariachi loco que tantas veces sonó en el Tenampa, con el New York New York de Sinatra en honor a los amigos que vinieron de visita desde tierras gringas. Hasta la próxima y aqui me quedo con mi recién estrenado abono Puma (si la lluvia consiente que lo pueda usar) y una mención especial y mezcalera también para "el empresario", a quién el otro día despedimos ya que se vuelve para su tierra, siendo la primera baja de esta aventura.